• El Juego Interior

Los niveles lógicos

Actualizado: feb 10


Hoy os voy a explicar una de las grandes aportaciones de la PNL: los niveles neurológicos del pensamiento, también conocidos como niveles lógicos o pirámide de Dilts. Porque fue Robert Dilts, fundador de la Universidad de PNL de California quien, a mediados de los 80, diseñó esta pirámide tomando como referencia los estudios previos del antropólogo Gregory Bateson. Con los años, los niveles lógicos se han convertido en una herramienta muy potente que el coaching ha tomado prestada de la Programación Neurolingüística.

Según Bateson y Dilts, el ser humano afronta los procesos de cambio, comunicación y aprendizaje organizando su pensamiento en diferentes niveles.

  1. Mi entorno. Es mi contextossds y la manera en que éste me afecta. Responde a las preguntas Dónde, cuándo y con quién.

  2. Mi conducta. Mi comportamiento. ¿Qué es lo que hago?

  3. Mis capacidades. Mis talentos, recursos y habilidades. Aquí lo que importa es cómo lo hago.

  4. Mi sistema de creencias y valores. Lo que es importante para mí, lo que me motiva. El por qué lo hago.

  5. Mi identidad. El concepto que tengo de mí mismo. El rol que desempeño en la vida. ¿Quién soy?

  6. Mi dimensión espiritual y transpersonal. El sentido de mi existencia. La misión que tengo en este mundo y que transciende el plano individual para formar parte de un grupo o sistema. ¿Para qué o para quién lo hago?

Todos los niveles lógicos del pensamiento están conectados entre sí y se influyen mutuamente. La función de cada nivel consiste en organizar la información del nivel inmediatamente inferior. De tal manera que, un cambio en un nivel superior, tendrá repercusiones en los niveles inferiores. Sin embargo, un cambio en un nivel inferior no tiene por qué afectar necesariamente a los niveles que están por encima de él.

Por ejemplo, una persona se ha apuntado a un gimnasio porque ha decidido que este año quiere ponerse en forma, pero seguramente vaya un par de veces y no vuelva más porque, en realidad tiene la firme creencia de que hacer ejercicio es una pérdida de tiempo. Cuantos gimnasios están llenos de abonados que pagan religiosamente su cuota y no lo pisan en todo el año, ¿verdad? Este cambio en el entorno, el nivel más bajo de la pirámide, no ha afectado a los niveles superiores. Aunque se haya apuntado al gimnasio, esta persona sigue sin hacer ejercicio y creyendo que el estar en forma no sirve para nada.

Sin embargo, alguien que se considera una persona deportista y saludable (ya estamos en el nivel de identidad) siempre encontrará maneras de hacer ejercicio, saliendo a correr, practicando algún deporte con sus amigos o apuntándose a un gimnasio si lo cree necesario. En este caso, el cambio en un nivel superior sí que repercute en los niveles que están por debajo.

Por tanto, para que un proceso de aprendizaje y cambio sea efectivo y duradero, tendrá que estar orientado a una modificación en los niveles superiores, de modo que éste sea el desencadenante de los cambios en los niveles más superficiales.

Así, los cambios en el entorno y las conductas son cambios correctivos. Es decir, corrigen cosas que no funcionan. Los cambios en las capacidades y en el sistema de creencias y valores son cambios generativos. Además de corregir lo que no funciona mejoran lo que sí funciona. Y los cambios de identidad y en el nivel espiritual son cambios evolutivos, además de corregir lo que no funciona y mejorar lo que sí funciona, crean aprendizajes nuevos.

En ocasiones, lo que sucede es que hacemos más grave el problema de lo que es, situándolo en un nivel superior al que en realidad le corresponde. Si alguien se dice a sí mismo “soy gordo”, seguramente vea casi imposible resolver su problema, al situarlo en el nivel identidad, pues asume que ese es el rol que le ha tocado desempeñar en su vida. Ya os he explicado en anteriores ocasiones que las palabras tienen una carga bioquímica en nuestra mente y nuestro cuerpo y que debemos tener cuidado en cómo nos hablamos. Así que, en lugar de decir “soy un gordo” tiene que decirse a sí mismo: “soy una persona maravillosa que ha engordado unos kilos de más". Porque, no lo olvidemos, nosotros no somos nuestro comportamiento. Pero para acabar con esa conducta que le está limitando no tendrá suficiente con dejar de comer compulsivamente y deberá actuar en un nivel superior del pensamiento, probablemente cambiando su sistema de creencias y valores, para convencerse que puede estar feliz y tranquila sin cometer excesos con la comida.

Ya habéis visto que todos los niveles lógicos están conectados entre sí y se influyen mutuamente. Y que, cuando uno de estos niveles no está alineado con el siguiente, se produce un desequilibrio. Así que lo ideal es alinear uno por uno todos los niveles de pensamiento, para generar una transformación en la totalidad del sistema.

Por ejemplo, si un tenista viene a verme porque ha perdido la confianza en su saque, yo le ofrecería la posibilidad de explorar todos sus niveles lógicos para ver qué es lo que le sucede.

  1. Entorno: Quizá no saque bien porque tiene un entrenador que no le da importancia al saque y prácticamente no lo trabaje con él. Si es así, tendría que cambiar de entrenador.

  2. Conducta: O igual es el jugador que no se esfuerza a la hora de entrenar el saque, porque no le gusta y prefiere practicar más el drive, la volea o el revés. En ese caso, debería cambiar su comportamiento.

  3. Capacidades: A lo mejor se pasa horas entrenando su servicio, pero lo que sucede es que su técnica de saque es deficiente y por eso no logra los resultados esperados. Entonces tendrá que trabajar más la técnica con su entrenador para que el saque sea más efectivo.

  4. Creencias y valores: O tal vez, pese a entrenar duro su saque, haya una creencia en el jugador que le impida desarrollar su verdadero potencial. Por ejemplo, puede que uno de los valores con los que más se identifique sea el esfuerzo, piense que los buenos sacadores no se esfuerzan, porque consiguen muchos puntos fáciles e inconscientemente no quiera ser como ellos. Habrá que hacerle entender que esa creencia es falsa, puesto que puede haber mucho trabajo y esfuerzo detrás de todos esos puntos directos de saque.

  5. Identidad: Quizá lo que le suceda al jugador es que está convencido de que es un mal sacador después de perder varios partidos que prácticamente tenía ganados y que no supo cerrar con su servicio. Entonces habrá que hacerle ver que no es un mal sacador, sino un tenista con talento que simplemente ha sacado mal en los últimos partidos que ha perdido.

  6. Espiritual: Y por último, ascenderemos hasta el nivel espiritual o transpersonal para reforzar la trascendencia que puede tener para este jugador el sacar bien. Y aquí puede que descubramos, por ejemplo, que su hijo es fan de los mejores sacadores del circuito y que al jugador le gustaría sacar mejor para que él se sintiese orgulloso de su padre.

Lo que acabamos de hacer es alinear todos los niveles lógicos del jugador para que pueda lograr su objetivo. Ahora, todos los procesos de cambio y aprendizaje que haga para mejorar su saque serán profundos, estables, coherentes y duraderos.

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