• El Juego Interior

Sistemas

Actualizado: feb 7


"Si quieres ir rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado".

Proverbio africano

Los humanos somos seres imperfectos e incompletos y necesitamos relacionarnos con otras personas para cubrir nuestras carencias y así poder evolucionar. Nos relacionamos y organizamos en grupos, para conseguir lo que no podemos lograr solos. Yo me relaciono con quien puede darme algo que necesito. Pero cuidado, porque si no tengo nada que el otro necesite de mí, el otro no va a querer relacionarse conmigo. Así funcionan los sistemas.

¿Y qué es un sistema? Pues un conjunto de elementos que están relacionados entre sí para lograr un objetivo. De hecho, el ser humano ya es un sistema en sí mismo: tenemos un corazón, unos pulmones, una mente, unas emociones... y otros órganos y elementos que trabajan juntos con un objetivo en común: mantenernos con vida.

Los sistemas son más que la suma de sus partes, son capaces de auto-organizarse, son sabios y creativos y están en constante evolución, pero para que sean sanos deben tener unas características determinadas y cumplir unas leyes específicas.

La persona no puede ser un elemento aislado

Todos los seres humanos pertenecemos a sistemas, que a su vez forman parte de sistemas más grandes. Y en cada uno de ellos ocupamos un lugar, soportamos una tensión y cumplimos una función. Nuestra pareja, nuestra familia, nuestro grupo de amigos, la empresa en la que trabajamos, el gimnasio al que estamos apuntados, nuestra comunidad de vecinos o nuestro barrio... son sistemas. Así que, aunque vivas en una cueva, aunque te montes una tienda de campaña en la cima del Everest... puedes evitar relacionarte, porque somos sistémicos por naturaleza.

La persona pierde protagonismo en favor del sistema

Siempre hay que buscar la mejor solución para el sistema, aunque no sea la mejor solución para algunos de sus miembros. Si llevas a un equipo, solucionar un problema priorizando el bienestar de uno de sus miembros, por muy importante que éste sea dentro el sistema, es “pan para hoy y hambre para mañana”. A largo plazo, el sistema se desequilibrará y puede llegar a romperse. Así que cada vez que tengas que resolver un conflicto o mediar en una negociación, no pienses en lo que puedes ganar, sino en lo que estás dispuesto a perder, porque siempre tendrás que hacer alguna concesión por el bien común para mantener el equilibrio del sistema.


Cualquier modificación o acción de un miembro, repercute en todo el sistema

Si yo tiro una pequeña piedra a a un estanque, el impacto lo percibirán todas las moléculas de agua de ese estanque, aunque lógicamente las más cercanas lo harán con mayor intensidad que las más alejadas. Y lo mismo sucede en un sistema. Cualquier acción, por pequeña que parezca, incluso en las organizaciones más grandes, no afecta solo a la persona que la sufre o la lleva a cabo, sino que provoca una reacción en cadena.

Por ejemplo, el jefe del departamento informático de una empresa se marcha a otra empresa y decide llevarse con él al jefe de ventas, ya que son muy amigos. La empresa promociona a la segunda de ventas para que ocupe su puesto, pero esta persona tiene una mala relación con la comercial que más vende de toda la empresa. Esta comercial se siente incómoda trabajando a sus órdenes y, después de varios conflictos, se acaba pidiendo la baja por depresión. La empresa ficha a otro comercial para sustituirla, que factura un 25% menos que ella. Sorprendentemente, la marcha del jefe de informática ha hecho caer las ventas de la empresa.

La persona no solo pertenece a un sistema

La persona no solo pertenece a un sistema. Sino a una red de sistemas. Y eso es importante tenerlo en cuenta, porque lo que nos sirve para interactuar en un sistema puede no ser válido para otro. Por ejemplo, tu equipo quiere a acabar un proyecto en el menor tiempo posible, y para ello os comprometéis a quedaros trabajando, durante las próximas semanas, hasta muy tarde. Pero resulta que tú también te has comprometido con tu pareja a no llegar a casa más tarde de las 8 para poder pasar más tiempo con tus hijos. En este caso, se produce un conflicto de intereses entre ambos sistemas que tendrás que conciliar de alguna manera.

Existen unas leyes sistémicas

Existen unas leyes que ayudan a los sistemas a crecer y evolucionar para conseguir sus objetivos de una forma más eficaz, es decir para lograr lo mismo, pero gastando menos energía. ¿Porque eres consciente de la cantidad de energía que gastamos cuando no estamos ocupando el lugar que nos corresponde dentro de un sistema?

Vamos a repasar estas leyes, a continuación:

  • La ley de pertenencia: Cualquier miembro de de un sistema tiene derecho a pertenecer a él. Y excluirlo o marginarlo genera grandes desequilibrios en el sistema. Al sistema familiar de origen lógicamente pertenecemos de por vida. Y al sistema organizacional, hasta que finalice nuestro contrato. Así que si algún miembro no está alineado con los objetivos y valores de tu equipo, lo mejores que le invites a dejar el sistema, pero mientras siga formando parte de él, no lo margines, porque sino generarás una tensión innecesaria en el sistema.

  • La ley de reconocimiento: La ley de la pertenencia está relacionada con la ley del reconocimiento, porque el nivel de pertenencia de un trabajador aumenta en el momento en el que recibe un reconocimiento justo por su aportación al sistema. Cuando hay reconocimiento hay armonía. Así que si diriges un equipo, por favor, cuando alguien lo haga bien, reconoce sus méritos y recompénsale de alguna manera. Así contribuirás a que se cumpla la ley del equilibrio, que vamos a ver a continuación.

  • La ley del equilibrio: Las personas estamos en constante intercambio de energía. Intercambiamos trabajo, dinero, tiempo, afecto... Todo es energía. Pero ese intercambio debe producirse de forma ordenada y equilibrada, porque cuando siento que le debo algo a alguien o alguien me debe algo a mí es cuando estoy incómodo en el sistema. Esta es la ley sistémica más importante de todas. Y le dedicaremos, en exclusiva, el próximo post de El Juego Interior, porque es básico saber cuándo, cómo y en qué cantidad hay que intercambiar para lograr el equilibrio.

  • La ley de jerarquía: En un sistema, no todos somos iguales. Todos los miembros de un equipo tienen derecho a pertenecer él, pero hay unos más cualificados que otros y estos deben ocupar una posición de mayor responsabilidad. El principio de jerarquía debe ser respetado. Porque si yo tengo que pedirle algo a mi jefe, pero como sé que no me lo va a dar, me voy al jefe que está más arriba y éste me concede lo que le he pedido, yo estaré muy contento, pero el sistema se acaba de desequilibrar.

  • La ley de antigüedad: A igual jerarquía, las personas más antiguas tienen prioridad. Porque son las que llevan más tiempo aportando al sistema y son las que más saben sobre él. En el sistema familiar esta ley se cumple casi siempre -el respeto a nuestros padres y abuelos… el respeto a los mayores, verdad?- pero en las organizaciones muchas veces no. Si una empresa contrata a alguien y le paga más que otro empleado de la misma categoría que lleva trabajando allí muchos años o asciende al que acaba de llegar, en lugar de a otra persona que está igual de capacitada y encima lleva años esperando ese ascenso, volveremos a desequilibrar el sistema.

  • La ley de la aceptación: Cuando un club de fútbol ficha a un entrenador no espera que éste pida que le cambien a los 22 jugadores de la plantilla, sino que construya un equipo con los jugadores que ya tiene. Pues esta es la ley de la aceptación. Cuando llego a un sistema, lo que hay es perfecto y, a partir de ahí, empiezo a crecer y evolucionar con él. Y es que la mejor manera de posicionarnos en nuestra realidad es aceptarla. Sin aceptación, no hay felicidad que valga.

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