La asertividad

  1. Tienes derecho a que te traten con dignidad y respeto y a quejarte cuando no lo hacen.

  2. Tienes derecho a expresar tus sentimientos, deseos y opiniones.

  3. Tienes derecho a tener tus propias necesidades y a que estas sean tan importantes como la de los demás.

  4. Tienes derecho a pensar antes de actuar, a decir “no lo sé” y a decidir si quieres responder o prefieres no hacerlo.

  5. Tienes derecho a negarte a satisfacer los deseos de otras personas sin sentirte culpable ni egoísta por ello.

  6. Tienes derecho a equivocarte y a ignorar los consejos de los demás.

  7. Tienes derecho a cambiar tu forma de pensar y de actuar y a no dar explicaciones.

Defender estos derechos de forma clara, consciente, honesta y respetuosa, sin herir ni perjudicar a los demás se llama practicar la ASERTIVIDAD.


Quizá te ha pasado alguna vez que un desconocido se te ha colado en el supermercado y has preferido no decirle nada para no iniciar una discusión en público. O has sentido que merecías un ascenso o un aumento de sueldo, pero has sido incapaz de pedírselo a tu jefe cada vez que tratabas con él tu situación en la empresa. O has acabado haciendo a regañadientes un favor a un amigo, pese a que te iba fatal hacérselo, por miedo a decepcionarlo o a que se enfadase contigo.


¿ Cómo te has sentido después? No muy bien ¿verdad? En cualquiera de estos casos deberías haber dicho lo que pensabas, pero no lo hiciste.


Y es que a la mayoría de nosotros no nos han educado para ser asertivos. Al contrario, nos han inculcado la creencia de que para agradar a los demás hay que intentar complacerles, satisfacer siempre sus necesidades, priorizar sus deseos a los nuestros, evitar llevarles la contraria para no herir sus sentimientos.

Otras veces, es la falta de autoconfianza, la baja autoestima o un carácter tímido el que nos impide practicar la asertividad. Pero la asertividad es una habilidad social y como cualquier habilidad puede entrenarse.



"Lo más importante que aprendí a hacer después de los 40 años fue a decir NO cuando es NO".

Gabriel García Márquez



La asertividad es un estilo de comunicación que se sitúa en un punto intermedio entre dos polos opuestos como la pasividad y la agresividad.

El pasivo expresa sus sentimientos desde la inseguridad o culpabilidad. Y rehuye la confrontación, porque busca complacer a los demás y tiene miedo al rechazo.

  • El agresivo expresa sus emociones y opiniones de manera hostil y exigente ante los otros. Y se toma el conflicto como un ataque personal en el que solo se puede ganar o perder.

  • En cambio, el asertivo sabe lo que quiere en cada momento y lo expresa con firmeza y amabilidad. Y es consecuente con lo que hace, dice, piensa y siente, y transmite confianza y honestidad.

Imagínate que has reservado en un restaurante para cenar con tu pareja. Y, media hora después de que os hayan tomado nota, llega el primer plato y encima está frío.

  • Si eres una persona pasiva seguramente optarás por no decirle nada al camarero y hacer como si nada hubiera pasado.

  • Si tienes un estilo agresivo, lo más normal es que te enfades con él e incluso le amenaces con marcharte sin pagar o no volver nunca más al restaurante.

  • En cambio, si practicas la asertividad le pedirás amablemente que devuelva ese plato a la cocina para calentártelo o que te traiga otro, evitando así una escena de tensión innecesaria y logrando además tu objetivo.

Por eso un buen líder es asertivo, porque sabe lo que quiere y cómo pedirlo. Un líder agresivo solo genera tensión y mal rollo en el equipo. Y de un líder pasivo no te puedes fiar porque, en su afán de querer contentar a todo el mundo, al final acaba traicionado a los demás y traicionándose a sí mismo.


Ahora, voy a darte siete consejos que te ayudarán a practicar la asertividad

1. Piensa egoístamente en positivo


En vez de pensar: “Soy un mal amigo por no prestarle dinero a Juan”, mejor di: “Merezco que me respeten, y no voy a dejar dinero a alguien que sé que no me lo va a devolver”.



2. Comprende que la gente no puede leer tu mente


Los demás no son adivinos, y la forma de que tengan en cuenta tus deseos y necesidades es expresarlos claramente. Así que no te cortes a la hora de decir qué te gusta, qué necesitas o qué te desagrada.



3. Recuerda siempre cual es tu objetivo


Fíjate un objetivo, cuanto más específico mejor, y no te apartes de él durante toda la conversación. Y, si no puedes imponer ese objetivo a tu interlocutor; negocia con él su cumplimiento.



4. Añade motivos a lo que pides


Tanto al pedir como al negarte, conseguirás que tu mensaje sea mucho más convincente y menos agresivo si das tus razones. Pero sé simple y directo. No tienes ni el deber ni la necesidad de extenderte en tus explicaciones.



5. Habla desde el “yo”; no desde el “tú”


Defiende tú verdad, no la verdad. Ofrece tu punto de vista sin personalizar en el otro, para que este no se sienta atacado. Mejor decir: “No me siento cómodo cuando alguien me invita; prefiero que paguemos la cena a medias", que decir: "No quiero que me pagues la cena”.



6. Utiliza el lenguaje no verbal


Mirar a los ojos, sonreír, mantener una expresión de serenidad, hablar con claridad y en un tono firme y utilizar gestos que denoten empatía y amabilidad te ayudarán a ser más asertivo.



7. Elije solo las batallas que puedas ganar


Ser asertivo no siempre es garantía de éxito. A veces, tendrás que utilizar un estilo más agresivo o mostrar una actitud más pasiva para alcanzar tu propósito. Aprender a leer el contexto.



Recuerda que cuando no defiendes tus derechos ni expresas tus opiniones, tus emociones y tus necesidades frente a terceros, no te estás respetando. Y estás invitando a los demás a que te traten de la misma forma. Entablar relaciones sanas conlleva la capacidad de saber pedir, saber recibir, saber decir no y saber poner límites. Y eso pasa por practicar la asertividad.




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